miércoles, 7 de noviembre de 2007

Carlos IV de España

Carlos IV de Borbón (Portici, 11 de noviembre de 1748 - Roma, 20 de enero de 1819) fue Rey de España desde el 14 de diciembre de 1788 hasta el 19 de marzo de 1808. Hijo y sucesor de Carlos III de España y de María Amalia de Sajonia.

Primeros años de vida

Sucedió a su padre, Carlos III, al morir éste en 1788. Accedió al Trono con una amplia experiencia en los asuntos de Estado, pero la repercusión de los sucesos acaecidos en Francia en 1789 y el gobierno a manos de su esposa María Luisa de Parma y del amante de ésta, Manuel Godoy (algunos entendidos hoy en día afirman que en realidad no eran amantes) frustraron las expectativas con las que inició su reinado. A la muerte de Carlos III, el empeoramiento de la economía y el desbarajuste de la administración revelan los límites del reformismo, al tanto que la Revolución Francesa pone encima de la mesa una alternativa al Antiguo Régimen.

Gobierno del conde de Floridablanca

Las primeras decisiones de Carlos IV mostraron unos propósitos reformistas. Designó primer ministro al conde de Floridablanca, un ilustrado que inició su gestión con medidas como la condonación del retraso de las contribuciones, limitación del precio del pan, restricción de la acumulación de bienes de manos muertas, supresión de vínculos y mayorazgos y el impulso del desarrollo económico. El propio Monarca tomó la iniciativa de derogar la Ley Sálica impuesta por su antecesor Felipe V, medida ratificada por las Cortes de 1789, que no se llegó a promulgar.

El estallido de la
Revolución Francesa en 1789 cambió radicalmente la política española. Conforme llegan las noticias de Francia, el nerviosismo de la corona crece y acaba por cerrar las Cortes que, controladas por Floridablanca (mantenido en el poder por consejo de su padre), se habían reunido para reconocer al Príncipe de Asturias. El aislamiento parece ser la receta para evitar la propagación de las ideas revolucionarias a España. Floridablanca, ante la gravedad de los hechos dejó en suspenso los Pactos de Familia, estableció controles en la frontera para impedir la expansión revolucionaria efectuó una fuerte presión diplomática en apoyo a Luis XVI. También se pone fin a los proyectos reformistas del reinado anterior y los sustituyó por el conservadurismo y la represión (fundamentalmente a manos de la Inquisición, que detiene a Cabarrús, destierra a Jovellanos y despoja de sus cargos a Campomanes).

Gobierno del conde de Aranda

En 1792 Floridablanca fue sustituido por el conde de Aranda, amigo de Voltaire y de otros revolucionarios franceses, a quien el rey encomienda la difícil papeleta de salvar la vida del rey Luis XVI en el momento en que éste había aceptado la primera Constitución francesa.
Sin embargo, la radicalización revolucionaria a partir de 1792 y el destronamiento de Luis XVI - el rey francés fue encarcelado y quedó proclamada la
República - precipitó la caída del conde de Aranda y la llegada al poder de Manuel Godoy el 15 de noviembre de 1792.

Primer Gobierno de Manuel Godoy

Manuel Godoy, un guardia de corps, ascendió rápidamente en la Corte gracias a su influencia sobre la reina María Luisa. En pocos años pasó de ser un hidalgo a convertirse en duque de Alcudia y de Sueca, capitán general y, desde finales de 1792, en ministro universal de Carlos IV con un poder absoluto. De pensamiento ilustrado impulsó medidas reformistas como las disposiciones para favorecer las enseñanzas de las ciencias aplicadas, la protección a las Sociedades Económicas de Amigos del País y la desamortización de bienes pertenecientes a hospitales, casas de misericordia y hospicios regentados por comunidades religiosas.
La Revolución francesa condicionó su actuación en la política española. Sus primeras medidas se encaminaron en salvar la vida de Luis XVI, procesado y condenado a muerte. Pese a los esfuerzos de todas las Cortes, el monarca francés fue guillotinado en enero de 1793, lo que generalizó una guerra de las potencias europeas contra la Francia revolucionaria conocida como la Guerra de la Convención, en la que España participó y fue derrotada por la Francia republicana, fruto del desastroso abastecimiento, la pésima preparación del ejército y la escasa moral de la tropa frente a los enardecidos sans culottes franceses. Un ejército dirigido por el general Ricardos entró en el Rosellón y logró algunos éxitos. A partir de 1794 las tropas españolas se vieron forzadas a la retirada. Los franceses ocuparon Figueras, Irún, San Sebastián, Bilbao, Vitoria y Miranda de Ebro.
Godoy suscribió con Francia la
Paz de Basilea en 1795. La República francesa devolvió a España las plazas ocupadas, a cambio del territorio hispano de la isla de La Española - colonia de Santo Domingo - . En agradecimiento recibió el título de Príncipe de la Paz.
En
1796, concluida la fase más radical de la Revolución, Godoy firmó el Tratado de San Ildefonso y España se convirtió en aliada de Francia. Este cambio de postura buscaba el enfrentamiento con Gran Bretaña, principal adversario de la Francia revolucionaria y tradicional enemiga de España con la que disputaba la hegemonía marítima y, concretamente, el comercio con América. La escuadra española sufrió la derrota frente al cabo de San Vicente en 1797, pero Cádiz y Santa Cruz de Tenerife resistieron a los ataques del almirante Nelson. En América los británicos ocuparon la isla de Trinidad, y sufrieron una derrota en Puerto Rico. Ello provocó la caída de Godoy en mayo de 1798.

Segundo gobierno de Manuel Godoy

La llegada al poder de Napoleón en 1799 y su proclamación como Emperador en 1804 alteró las relaciones internacionales y se renovó la alianza con Francia. Napoleón necesitaba, en su lucha contra los británicos, contar con la colaboración de España, sobre todo de su escuadra. Por ello, Napoleón presionó a Carlos IV para que restituyera su confianza en Godoy. Éste asumió de nuevo el poder en 1800 y firmó un segundo Tratado de San Ildefonso por el que ponía a disposición de Napoleón la escuadra española, lo que implicaba de nuevo la guerra contra Gran Bretaña.
Godoy declaró en
1802 la guerra a Portugal, principal aliado británico en el continente, antes de que lo hiciera Napoleón. Este conflicto, conocido como la Guerra de las Naranjas, significó la ocupación de Olivenza por España además obtuvo el compromiso de Portugal de impedir el atraque de buques británicos en sus puertos.
En
1805, la derrota de la escuadra franco-española en la batalla de Trafalgar por la Armada británica modificó la situación radicalmente. Frente a la hegemonía de Gran Bretaña en los mares, Napoleón recurrió al bloqueo continental, medida a la que se sumó España. En 1807 fue suscrito en Tratado de Fontainebleau que estableció el reparto de Portugal entre Francia, España y el propio Godoy, y el derecho de paso por España de las tropas francesas encargadas de su ocupación.

Crisis final

Con tal sucesión de guerras se agravó hasta el extremo la crisis de la Hacienda; y los ministros de Carlos IV se mostraron incapaces de solucionarla, pues el temor a la revolución les impedía introducir las necesarias reformas, que hubieran lesionado los intereses de los estamentos privilegiados, alterando el orden tradicional.
La presencia de soldados franceses en territorio español aumentó la oposición hacia Godoy, enfrentado con los sectores más tradicionales por su política reformista y entreguista hacia Napoleón. A finales de
1807 se produjo la Conjura de El Escorial, conspiración encabezada por Fernando, Príncipe de Asturias, que pretendía la sustitución de Godoy y el destronamiento de su propio padre. Pero frustrado, el propio Fernando delató a sus colaboradores. En marzo de 1808, ante la evidencia de la ocupación francesa, Godoy aconsejó a los reyes que abandonaran España. Pero se produjo el Motín de Aranjuez, levantamiento popular contra los reyes aprovechando su presencia en el palacio de Aranjuez. Godoy fue aprisionado por los amotinados. Carlos IV, ante el cariz de los acontecimientos, abdicó en su hijo Fernando VII.
Napoleón, receloso ante el cambio de monarca, convocó a la familia real española a un encuentro en la localidad francesa de
Bayona. Fernando VII, bajo la presión del Emperador, devolvió la Corona a Carlos IV. Éste se la entregó a Napoleón que designó nuevo rey de España a su hermano José.
Carlos permaneció prisionero de Napoleón hasta la derrota final de éste en 1814; pero en aquel año fue Fernando VII el repuesto en el Trono español, manteniendo a su padre desterrado por temor a que le disputara el poder. Carlos y su esposa murieron exiliados en la corte papal.

Matrimonio e hijos

Carlos IV contrajo matrimonio con su prima hermana María Luisa de Parma (hija de Felipe, Duque de Parma) en 1765. Tuvieron 14 hijos de las veinticuatro veces que María Luisa de Parma estuvo embarazada, pero solo siete llegaron a la edad adulta:
Fernando VII de España
Fernando VII de Borbón y Borbón-Parma (San Lorenzo de El Escorial, 14 de octubre de 1784 - Madrid, 29 de septiembre de 1833), llamado el Deseado, rey de España en 1808. Tras la expulsión del rey intruso José Bonaparte, reinó nuevamente desde 1813 hasta su muerte, exceptuando un breve intervalo en 1823, destituido por el Consejo de Regencia.
Hijo y sucesor de
Carlos IV y de María Luisa de Parma, pocos monarcas disfrutaron de tanta confianza y popularidad iniciales por parte del pueblo español. Sin embargo, pronto se reveló como un soberano absolutista, y uno de los que menos satisfizo los deseos de sus súbditos, que lo consideraban sin escrúpulos, vengativo y traicionero. Rodeado de una camarilla de aduladores, su política se orientó en buena medida a su propia supervivencia.
Fernando VII ha merecido a los historiadores un unánime juicio negativo, pasando a los anales de la historia de España como el Rey Felón. Si bien no se le puedan achacar personalmente muchos de los males de su reinado, ha sido el monarca español peor tratado por la historiografía nacional, que desde el
siglo XIX ha repetido sin sentido crítico una serie de descalificaciones sobre el personaje. La Historia reciente ha ido remitiendo las críticas y los juicios, aunque sigue siendo difícil encontrar algún estudio en que la figura del monarca no sea tratada de manera negativa.

Vida: La primera llegada al trono y las Abdicaciones de Bayona

Fernando de Borbón vino al mundo en vida de su abuelo Carlos III. Fue el noveno de los catorce hijos que tuvieron el príncipe Carlos (futuro Carlos IV) y María Luisa de Borbón. De sus trece hermanos, ocho murieron antes de 1800. Con la subida al Trono de su padre, en 1788, Fernando fue reconocido como príncipe de Asturias por las Cortes.
Desde muy pronto, su formación fue encomendada al padre Fernando Scio, religioso de la
Orden de San José de Calasanz, hombre modesto, culto e inteligente. Sin embargo, en 1795 es nombrado obispo de Sigüenza, y su puesto pasa a ser ocupado por el obispo de Orihuela, Francisco Javier Cabrera, que a su vez sería sustituido por el canónigo Juan Escoiquiz. Influido por éste, creció aborreciendo a su madre y al favorito de ésta, Manuel Godoy.
Ya desde muy joven, Fernando había conspirado en contra de sus padres los reyes y de Godoy, alentado por su preceptor. En torno al joven Príncipe de Asturias se había formado un núcleo opositor formado por miembros de la alta nobleza que perseguían la caída de Godoy. En
1807 se llevó a cabo la primera conspiración. Debido a una delación, el motín fue descubierto y Fernando juzgado en lo que se denomina Proceso de El Escorial. El príncipe denunció a todos sus colaboradores y pidió perdón a sus padres. El tribunal, en manos de partidarios de la conspiración absolvió a todos los implicados.
Poco después, en marzo de
1808, ante la presencia de tropas francesas en España (dudosamente respaldadas por el Tratado de Fontainebleau), la corte se trasladó a Aranjuez, como parte de un plan de Godoy para trasladar a la familia real a América si la intervención francesa así lo requiriese. El día 17, el pueblo, instigado por los partidarios de Fernando, asaltó el palacio del Príncipe de la Paz. Aunque Carlos IV se las arregló para salvar la vida de su favorito, fue obligado a abdicar en favor de su hijo al día siguiente. Estos hechos son los que se conocen como Motín de Aranjuez. Por primera vez en la historia de España, un rey era destronado por su propio hijo.

Fernando volvió a la corte, donde fue aclamado por el pueblo de Madrid. Sin embargo, las tropas francesas al mando del general Murat habían ocupado Madrid el día anterior (23 de marzo). El depuesto rey y su esposa se pusieron bajo la protección de Napoleón y fueron custodiados por las tropas de Murat. Al mismo tiempo, Napoleón invitó al rey Fernando a reunirse con él, a lo que el rey accedió con la esperanza de que el emperador le reconociese y respaldase como rey de España. Aunque en un principio la reunión iba a tener lugar en España, finalmente acudió a Bayona. El 20 de abril pasó la frontera. Aunque él aún no lo sabía, fue el inicio de un exilio que duraría seis años. En el ínterin, Napoleón se las había arreglado para conseguir la liberación de Godoy y llevarlo a Bayona. Ante la perspectiva de reunirse con su favorito, los reyes padres solicitaron acudir también a Bayona. Escoltados por tropas francesas, llegaron a Bayona el 30 de abril, mientras, en Madrid, el pueblo se había levantado en armas contra los franceses. Los hechos del 2 de mayo de 1808 marcan el comienzo de la Guerra de la Independencia Española.
La situación en Bayona estaba adquiriendo el aspecto de una ópera bufa. Carlos IV afirmó que la renuncia al trono producida tras el motín de Aranjuez era nula y exigió la devolución de sus derechos. Napoleón le obligó a ceder sus derechos a cambio de asilo en Francia para él, su mujer y su favorito Godoy, así como una sustancial pensión (30 millones de
reales anuales). Cuando llegaron a Bayona las noticias del levantamiento de Madrid y de su represión, Napoleón ordenó a Fernando VII reconocer a su padre como rey legítimo. A cambio de un castillo y de una pensión anual de cuatro millones de reales, aceptó, ignorando que su padre había renunciado en favor de Bonaparte. Era el 5 de mayo de 1808. La corona de España, pues, recayó en Napoleón, el cual se la cedió a su hermano, José Bonaparte, que reinaría en España como José I Bonaparte. Todo este complicado acto de traspasos de la corona española se conoce como Abdicaciones de Bayona.
Las abdicaciones de Bayona no constituyeron únicamente un cambio dinástico. En una proclama a los españoles el
25 de mayo, Napoleón proclamó que España se encontraba frente a un cambio de régimen, con los beneficios de una Constitución sin necesidad de una revolución previa. A continuación, Napoleón convocó en Bayona una asamblea de notables españoles, la Junta española de Bayona. Aunque la asamblea fue un fracaso para Napoleón (sólo acudieron 75 de los 150 notables previstos), en nueve sesiones debatieron el proyecto de Constitución preparado por Napoleón y, con escasas rectificaciones, aprobaron en julio de 1808 la Constitución de Bayona.
Mientras tanto, Fernando vio cómo Napoleón ni siquiera se molestó en cumplir su acuerdo e internó al antiguo soberano, junto con su hermano
Carlos María Isidro y su tío Antonio Pascual, en el castillo de Valençay, propiedad del Príncipe de Benevento, que los recibió allí el 10 de mayo. Valençay era una propiedad rústica junto a un pueblo de unos 2.000 habitantes, aislada en el centro de Francia, a unos 300 kilómetros de París. Fernando permanecería en Valençay hasta el final de la Guerra de la Independencia. Sin embargo, sus condiciones de cautiverio no fueron muy severas; el Rey y su hermano recibían clases de baile y música, salían a montar o a pescar y organizaban bailes y cenas. Disponían de una buena biblioteca, pero el infante don Antonio Pascual puso todos los impedimentos posibles para que no leyeran libros franceses que pudieran ejercer una mala influencia sobre sus jóvenes sobrinos. A partir del 1 de sptiembre de ese año, sin embargo, la marcha de Talleyrand y la negativa de Bonaparte a cumplir lo estipulado con respecto a sufragar sus gastos, hicieron que su tren de vida fuera cada vez más austero, reduciéndose la servidumbre al mínimo.
Creyendo que nada se podía hacer frente al poderío de Francia, Fernando pretendió unir sus intereses a los de Bonaparte, y mantuvo una correspondencia servil con el corso, hasta el punto de que éste, en su destierro de
Santa Helena, recordaba así la actuación del monarca español:
"No cesaba Fernando de pedirme una esposa de mi elección: me escribía espontáneamente para cumplimentarme siempre que yo conseguía alguna victoria; expidió proclamas a los españoles para que se sometiesen, y reconoció a José, lo que quizás se habrá considerado hijo de la fuerza, sin serlo; pero además me pidió su gran banda, me ofreció a su hermano don Carlos para mandar los regimientos españoles que iban a Rusia, cosas todas que de ningún modo tenía precisión de hacer. En fin, me instó vivamente para que le dejase ir a mi Corte de París, y si yo no me presté a un espectáculo que hubiera llamado la atención de Europa, probando de esta manera toda la estabilidad de mi poder, fue porque la gravedad de las circunstancias me llamaba fuera del Imperio y mis frecuentes ausencias de la capital no me proporcionaban ocasión."
Su humillación servil le llegó al punto de organizar una fastuosa fiesta con brindis, banquete, concierto, iluminación especial y un solemne
Te Deum con ocasión de la boda de Bonaparte con María Luisa de Austria en 1810. Cuando el corso reprodujo la correspondencia que le enviaba Fernando en Le Moniteur, para que todos, en especial los españoles, vieran su actuación, éste se apresuró a agradecer con desverguenza a su Emperador que hubiese hecho público de tal modo el amor que le profesaba.
Sin embargo, la condición de prisionero de Napoleón creó en Fernando el mito del Deseado, víctima inocente de la crueldad napoleónica. Incluso las
Cortes de Cádiz, que redactaron y aprobaron la Constitución de 1812 no cuestionaron la persona del soberano y declararon como único y legítimo rey de la Nación española a don Fernando VII de Borbón.

El regreso de "El Deseado"

En julio de 1812, el duque de Wellington, al frente de un ejército anglohispano y operando desde Portugal, derrotó a los franceses en Arapiles, expulsándoles de Andalucía y amenazando Madrid. Si bien los franceses contraatacaron, una nueva retirada de tropas franceses de España tras la catastrófica campaña de Rusia a comienzos de 1813 permitió a las tropas aliadas expulsar ya definitivamente a José Bonaparte de Madrid y derrotar a los franceses en Vitoria y San Marcial. José Bonaparte dejó el país, y Napoleón se aprestó a defender su frontera sur hasta poder negociar una salida.
Fernando, al ver que por fin la estrella de Bonaparte empezaba a declinar, se negó arrogantemente a tratar con el gobernante de Francia sin el consentimiento de la nación española y la Regencia. Pero temiendo que hubiera un brote revolucionario en España, se avino a negociar. Por el
Tratado de Valençay del 11 de diciembre de 1813, Fernando VII recuperó su trono y todos los territorios y propiedades de la Corona y sus súbditos antes de 1808, tanto en territorio nacional como en el extranjero; a cambio se avenía a la paz con Francia, el desalojo de los birtánicos y su neutralidad en lo que quedaba de guerra. También acordó el perdón de los partidarios de José I, los afrancesados.
Aunque el tratado no fue ratificado por la Regencia, Fernando VII fue liberado y regresó a España el
24 de marzo de 1814. Llegó el momento de la verdad respecto a la Constitución de 1812. De acuerdo con los decretos de las Cortes, "no se reconocería por libre al Rey, ni por tanto, se le prestaría obediencia hasta que [...] preste el juramento prescrito por el artículo 173 de la Constitución". Fernando VII se negó a seguir el camino marcado por la Regencia y entró en Valencia el 16 de abril. Allí le esperaban un representante de la Regencia con el texto de la Constitución y un diputado absolutista con un manifiesto absolutista firmado por 69 diputados. Era el llamado Manifiesto de los Persas, rechazando las Cortes liberales. El 17 de abril, el general Elío invitó al monarca a recobrar sus derechos, poniendo sus tropas a disposición del monarca y realizando el que es probablemente el primer pronunciamiento de la historia de España.
El
4 de mayo de 1814, Fernando VII promulgó un decreto que restablecía la Monarquía absoluta y declaraba nulo y sin efecto alguno toda la obra de las Cortes de Cádiz (...[eran] aquella Constitución y aquellos decretos nulos y de ningún valor ni efecto, ahora ni en tiempo alguno, como si no hubiesen pasado jamás tales actos y se quitasen de enmedio del tiempo). El 5 de mayo, Fernando VII salió de Valencia y emprendió una marcha triunfal hacia Madrid. El entusiasmo popular ante el retorno del Deseado fue inmenso. El régimen constitucional no fue capaz de oponer resistencia, y las Cortes fueron disueltas el 10 de mayo de aquel año.

El reinado

Durante la primera etapa del reinado, entre los años 1814 y 1820, el rey restableció el absolutismo anterior siguiendo la estela de la restauración borbónica en Francia. La tarea que aguardaba a Fernando era extremadamente compleja. Hubiera tenido que contar con unos ministros excepcionalmente capaces para poner orden en un país devastado por seis años de guerra, pero apenas contó con un par de estadistas de cierta talla. La inestabilidad del gobierno fue constante, y los fracasos a la hora de resolver adecuadamente los problemas determinaron los continuos cambios ministeriales.
Fue un periodo de persecución de los
liberales, los cuales, apoyados por el Ejército, la burguesía y organizaciones secretas como la Masonería, intentaron sublevarse varias veces para restablecer la Constitución. Por otra parte, a pesar de que Fernando VII había prometido respetar a los afrancesados, nada más llegar procedió a desterrar a todos aquellos que habían ocupado cargos de cualquier tipo en la administración de José I.
Durante el período desaparecieron la prensa libre, las diputaciones y ayuntamientos constitucionales y se cerraron las Universidades. Se restableció la organización gremial y se devolvieron las propiedades confiscadas a la Iglesia.
En enero de
1820 estalló una sublevación entre las fuerzas expedicionarias que debían partir para América para garantizar la permanencia de las colonias en manos de España. Aunque este pronunciamiento, encabezado por Rafael de Riego, no tuvo el éxito necesario, el gobierno tampoco fue capaz de sofocarlo y poco después, una sucesión de sublevaciones comenzó en Galicia y se extendió por toda España. Fernando VII se vio obligado a jurar la Constitución en Madrid el 10 de marzo de 1820, con la histórica frase: «Marchemos francamente, y yo el primero, por la senda constitucional». Comenzó así el Trienio Liberal o Constitucional.
Durante el Trienio, se propusieron medidas en contra del absolutismo y se suprimen la
Inquisición y los señoríos. Sin embargo, aunque el rey aparentaba acatar el régimen constitucional, conspiraba secretamente para restablecer el absolutismo (Regencia de Urgel; sublevación de la Guardia Real en julio de 1822, sofocada por la Milicia Urbana de Madrid). Finalmente, la intervención del ejército francés de los Cien Mil Hijos de San Luis, bajo los auspicios de la Santa Alianza, reestableció la monarquía absoluta en España (octubre de 1823). Se eliminaron todos los cambios del Trienio liberal; por ejemplo, se restablecieron los privilegios de los señoríos y mayorazgos, con la única excepción de la supresión de la Inquisición.
Se inició así su última época de reinado, la llamada
Década Ominosa (1823-1833), en la que se produjo una durísima represión de los elementos liberales, acompañada del cierre de periódicos y universidades al tiempo que se registraron levantamientos absolutistas instigados por el clero y por los partidarios del infante Carlos María Isidro, hermano de Fernando, que se perfilaba como sucesor. Al tiempo, se consumó la práctica desaparición del imperio español. En un proceso paralelo al de la Península tras la invasión francesa, la mayor parte de los reinos o territorios americanos (con la excepción de Cuba y Puerto Rico) declararon su independencia y comenzaron un tortuoso camino hacia repúblicas liberales (Santo Domingo fue ocupada por Haití). Sólo las islas caribeñas, junto con Filipinas, las Marianas y las Carolinas, en el Pacífico, permanecían bajo el dominio de España.

Sucesión de Fernando VII

El 31 de marzo de 1830 Fernando promulgó la Pragmática Sanción, aprobada el 30 de septiembre de 1789, bajo Carlos IV pero que no se había hecho efectiva por razones de política exterior. La Pragmática establecía que si el rey no tenía heredero varón, heredaría la hija mayor. Esto excluía, en la práctica, al infante Don Carlos María Isidro de la sucesión, por cuanto ya fuese niño o niña quien naciese sería el heredero directo del rey. De esta forma, su hija Isabel (la futura Isabel II), nacida poco después, se veía reconocida como heredera de la corona, con gran disgusto de los partidarios de don Carlos, el hermano del rey.
En 1832, hallándose el rey enfermo de gravedad en
La Granja, cortesanos partidarios del infante consiguieron que Fernando VII firmara un Decreto derogando la Pragmática. Con la mejoría de salud del Rey, el Gobierno de Francisco Cea Bermúdez, la puso de nuevo en vigor. Tras ello, Don Carlos marchó a Portugal. Entre tanto, María Cristina, nombrada regente durante la grave enfermedad del rey (la heredera Isabel apenas tenía tres años en ese momento), inició un acercamiento hacia los liberales y concedió una amplia amnistía para los liberales exiliados, prefigurando el viraje político hacia el liberalismo que se produciría a la muerte del rey. Fernando murió en 1833 sin hijos varones, había tenido otra hija la infanta Luisa Fernanda. El infante don Carlos, junto a otros realistas que consideraban que el legítimo heredero era el hermano del rey y no su hija primogénita, se sublevaron y empezó la Primera Guerra Carlista. Con ello hizo su aparición el carlismo.

Matrimonios y descendencia

Fernando VII contrajo matrimonio en cuatro ocasiones:
En
1802 casó con su prima María Antonia de las Dos Sicilias (1784-1806), hija de Fernando I de las Dos Sicilias y María Carolina de Austria. María Antonia sufrió dos abortos, y no hubo descendencia.
En
1816 Fernando casó en segundas nupcias con su sobrina María Isabel de Braganza, Infanta de Portugal (1797-1818), hija de su hermana mayor Carlota Joaquina y Juan VI de Portugal. Murió por una cesárea mal practicada, que causó también la muerte a su única hija.
En
1819 casó por tecera vez con María Josefa de Sajonia (1803-1829), hija de Maximiliano de Sajonia y Carolina de Borbón-Parma. No tuvieron descendencia.
Finalmente, en
1829, casó con otra de sus sobrinas, María Cristina de las Dos Sicilias (1806–1878), hija de su hermana menor María Isabel de Borbón y Francisco I de las Dos Sicilias. Tuvieron dos hijas:
Isabel II (1830-1904), reina de España (1833-1868).
Luisa Fernanda (1832-1897), casada con el Duque de Montpensier.


Ascendentes de Fernando VII, en tres generaciones.

Fernando VII de España
Padre:
Carlos IV de España
Abuelo paterno:Carlos III de España
Bisabuelo paterno:Felipe V de España
Bisabuela paterna:Isabel de Parma
Abuela paterna:María Amalia de Sajonia
Bisabuelo paterno:Augusto III de Polonia
Bisabuela paterna:María Josefa de Austria
Madre:María Luisa de Parma
Abuelo materno:Felipe I de Parma
Bisabuelo materno:Felipe V de España
Bisabuela materna:Isabel de Parma
Abuela materna:Luisa Isabel de Francia
Bisabuelo materno:Luis XV de Francia
Bisabuela materna:María Leszczynska

lunes, 5 de noviembre de 2007

Desarrollo Webquest

Grupo nº1: Situación de España entre 1810-1816

sábado, 3 de noviembre de 2007

independencia: CONGRESO DE TUCUMAN

independencia: CONGRESO DE TUCUMAN

Para conocer mejor nuestra provincia hemos decidido hacer un trabajo de estudio con los alumnos de 3 año polimodal turno mañana de la escuela Raúl Scalabrini Ortiz, que consiste en primer lugar responder correctamente las preguntas de la webquest, ya presentada en este blog, y luego será una breve reseña de los museos más representativos de nuestra provincia, en la cual se aplicaran conceptos de historia, cultura general y estética visual. Los museos a presentar son los siguientes: Casa Histórica de Tucumán, donde se juró la independencia en 1816; Parroquia de la Victoria o Iglesia Nuestra Señora de La Merced, donde se encuentran las pinturas de la Batalla de Tucumán librada por el Gral. Manuel Belgrano en nuestro territorio en 1812 con las tropas españolas al mando del Gral Pío Tristán, y también está el bastón de mando que se otorgara a la Vírgen por haber intercedido a favor de las tropas nacionales en contra de los realistas españoles, y por último, el Museo Dr. Nicolás Avellaneda, ilustre prócer tucumano, proveniente de una familia de raigambre en la provincia, y donde se encuentra la vasija de Ibatín, único elemento que se conserva desde la fundación de la provincia realizada en 1565.
Debo recalcar que este proyecto es posible gracias al dictado del Taller:"La plataforma weblog", dentro del marco de Escuela Itinerante de Periodismo, Comunicación y Nuevas Tecnologías", de esa forma es posible que mis alumnos ingresen a nuevos saberes relacionados con los nuevos lenguajes informáticos que hoy contamos